Ya había pasado demasiado tiempo perdiéndome “Hair”. La había visto hace mucho, pero no logré hacerme con su reedición en DVD en su momento y he tenido que esperarme hasta este sábado pasado.
La cinta de Milos Forman inspirada directamente en la ópera rock homónima nos cuenta la historia de Claude, un vaquero de Oklahoma que se traslada a New York para incorporarse al ejército durante el conflicto de Vietnam. Como no podía ser de otra forma, el chaval acaba metiéndose en una pequeña tribu hippie de las que proliferaban por el Central Park de la época, circunstancia que motiva la toma de contacto de Claude con la cultura pacifista opuesta al genocidio que se estaba llevando a cabo en el continente asiático.
El amor incondicional, la experiencia vital sin barreras, la melena al viento, el grito libertador, la rebeldía anti-sistema y tantos otros tópicos del final de la década de los 60 del siglo XX son mostrados en retales de música que rezuman fuerza y atrevimiento en sus versos y compases. Pese al acortamiento y supresión de algunos temas y al cambio dramático de un personaje en particular en la versión de Forman, “Hair” se nos presenta como un alegato más contra la guerra que cercena y tortura vidas inocentes para servir a intereses vacíos en nombre de la libertad. Hasta aquí, obra común reflejo de la tendencia cultural de la juventud americana, pero la película va más allá: es su música el protagonista principal, con interpretaciones magistrales de temas ya míticos con el paso de los años como “Aquarius”, “Manchester”, “Hair” o “The flesh failures/Let the sunshine in”.
Y para contagiaros esa euforia casi inducida por LSD que pretende “Hair”, para que os salgáis un poco de la rutina temática de la época pre-Oscars, o -qué narices- para buscar una nueva visión de la realidad a través de un prisma de colores vivos, buscad a toda costa el modo de haceros con esta película. Vedla, disfrutadla, digeridla. Y luego venís y me contáis.
Mientras tanto, os dejo con la canción que hace de telón a la historia: “Aquarius”.
