
Tras la sequía de calidad ya clásica en los veranos de cine, este sábado volví a ir a una sesión. Con el miedo en el cuerpo por la comentadísima bajada a los infiernos de mi bienamado Médem (a los que tendré que bajar con él pronto, aunque sea por pura lealtad), me decidí por noche de palomitas: la segunda adaptación cinematográfica de la obra de Mark O’Donell “Hairspray”, dirigida esta vez por Adam Shankman -”Un Canguro súper duro”, “Se montó la gorda”-. La trayectoria del Sr. Shankman es algo que me tuvo inquieto hasta que me senté en la butaca, evidentemente. Pero salí satisfecho. Os cuento:
La película se vertebra sobre un guión de encefalograma casi plano y herido de muerte: chica gordita ve programa estúpido de éxito en la televisión, quiere ser como ellos y lo da todo por conseguirlo. Unas gotas de comedia por aquí, un poco de reivindicación racial y… ya tenemos otro fracaso. Pues no: el hecho es que “Hairspray” está teniendo unas nada desdeñables cifras de recaudación. ¿El porqué? por una banda sonora (Marc Shaiman) llena de buenas vibraciones que no deja lugar al aburrimiento; una banda sonora con temas y coreografías de una calidad apabullante que elevan la cinta de la mediocridad a la cima del género musical donde -¿por qué no decirlo?- Adam Shankman se mueve como pez en el agua.
Junto a una estética hortera sumergida en lo más grotesco de los años 60, encontramos un reparto sorprendente. John Travolta maquillado de arriba a abajo para interpretar a la madre obesa de la protagonista, Tracy, interpretada por Nikki Blonsky. Extraño Christopher Walken en un papel cómico, desbordante Queen Latifah y genialmente pérfida la Pfeiffer, suman enteros a un conjunto que, si bien cojea en uno de sus pilares estructurales (el argumento), lo suple con buenísimas intenciones y verdadero disfrute sin pretensiones.
No os digo más. Cine de palomitas, pero altamente recomendable. Eso sí: hace falta quitarse de encima los complejos para soportar la alta dosis de horteradas que el metraje contiene. Superado ese escollo, no decepciona en absoluto.
